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Seguramente me vio triste por su partida y habrá dicho "a este salieri le voy a regalar a dos de mis tesoros". Y así fue... me regaló a Carolina y a Olga, dos hermosísimos ángeles que llenan el corazón de cariño y afecto. Son amigas del alma. Gracias a estos dos tesoros, conocí a Mauro que en cada nota de su guitarra, veo las huella de su padre cuando escuchaba las melodías de Eduardo. También a Enzito, ese niño grande, que parece un hombre, pero solo tiene ocho años. A Eduardito mucho no lo conozco, pero no lo quería dejar de nombrar. |